Soka Gakkai Internacional de Chile (SGICh)

Es una corporación sin fines de lucro, filial de la Soka Gakkai Internacional, dedicada a la propagación del Budismo de Nichiren Daishonin y a promover la paz, cultura y educación en la sociedad chilena.

Los orígenes de esta organización se remontan a diciembre de 1969 cuando –en un clima de crisis política y social- se comenzó a transmitir las enseñanzas de Nichiren Daishonin a los chilenos.

En la actualidad, la SGICh cuenta con una membresía que supera las 900 familias a lo largo de todo Chile.

La estructura organizativa actual la componen 6 sectores que corresponden a grupos de comunas de Santiago y Rancagua. Además existen miembros en las ciudades de Arica, Iquique, Antofagasta, Baquedano, Calama, Copiapó, La Serena, Coquimbo, San Felipe, Los Andes, La Calera, Viña del Mar, Valparaíso, San Antonio, Con-Con, Talca, Los Ángeles, Chillán, Concepción, Valdivia y Chiloé.

Esta estructura se complementa con las organizaciones por División: División Juvenil Femenina (DJF), División Juvenil Masculina (DJM), División de Damas (DD), División de Caballeros (DM) y División Futuro.

También cuenta con los Departamentos de Educadores y de Estudio. Por otra parte existen como grupos de entrenamiento: Grupo Resplandor, Grupo Gajokai, Grupo Keibi, Kotekitai y Banda Musical del Nuevo Siglo.

La SGICh cuenta con una publicación quincenal denominada Fortuna de Chile, en la cual se abordan los distintos temas que acontecen en nuestra sociedad desde una perspectiva budista, a la vez que entrega textos de estudio y relatos de experiencias que demuestran de manera concreta la filosofía budista, transformándose en una herramienta esencial para profundizar la fe de los miembros y propiciar el diálogo con otras personas.

Dentro de la SGICh se realizan diversas actividades con el fin de fortalecer los tres pilares básicos de la filosofía budista: la fe, la práctica y el estudio.

Así se pueden destacar las reuniones de estudio del Budismo, reuniones de invocación de daimoku (recitación de Nam-myoho-renge-kyo) y reuniones de diálogo, entre otras.

Todo esto permite que cada persona vaya puliendo y desarrollando su propia vida y pueda comprender las adversidades que enfrenta de manera de sobrepasarlas victoriosamente. A la vez, son oportunidades para compartir con otras personas y dialogar de corazón a corazón, creando un oasis dentro de la sociedad cada vez más individualista.

Finalmente, el desarrollo de estas actividades incentiva a las personas a transmitir el Budismo y a preocuparse por alguien más, de manera que se vaya generando un cambio positivo en todo el entorno en que cada uno se desenvuelve.

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